La orden de la academia Spence.

Con voz profunda y resonante el párroco nos habla de su belleza y de su inquebrantable bondad. No conozco a esa chica anodina a la que describe. Ojalá pudiera ponerme en pie y explicar cómo era en realidad, la chica que podía ser vanidosa y egoísta y estar enamorada de sus ilusiones románticas; la que también era valiente, resuelta y generosa. Y aunque les dijera todo eso, tampoco me ajustaría a la verdad. Nunca se conoce alguien del todo. Por eso es tan aterrador confiar en alguien sin más, con la esperanza de que esa persona también confíe en ti. Es un equilibro tan precario que de por sí es increíble que ocurra.
Y sin embargo...


Andy*

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